Barcelona: urbanismo y sostenibilidad

Barcelona: entre l'urbanisme i la sostenibilitat

El 60% de la población mundial –unos 3.500 millones de personas– vive en grandes áreas metropolitanas, y se prevé que esta cifra será del 70% para el 2050. Las ciudades han sido históricamente una fuerza positiva para reducir la pobreza y favorecer el crecimiento económico de los países. A pesar de las ventajas, cada vez hay más aristas que hacen tambalear el optimismo con el que siempre se ha contemplado este fenómeno. A nivel ambiental, el crecimiento urbano comporta impactos relevantes: las ciudades representan cerca del 80% del consumo de energía, el 75% de las emisiones de dióxido de carbono y más del 60% del uso de los recursos naturales. También ejercen presión sobre el suministro de agua potable y la gestión de aguas residuales, con importantes consecuencias para la salud pública. Por si fuera poco, el 90% de los urbanitas respira aire que no cumple con las normas de seguridad establecidas por la Organización Mundial de la Salud, lo que se traduce en millones de muertes cada año. Barcelona es una de las 10 ciudades más contaminadas de la UE.

La contaminación en Barcelona llega a triplicar los límites fijados por la OMS
El Pais

En ese contexto, el criterio de sostenibilidad en el desarrollo urbano es fundamental. Barcelona ha implementado varios planes y medidas urbanísticas con un fuerte componente sostenible. Por ejemplo, el Plan Natura 2021-2030, el Plan Clima 2030 o el Plan de Movilidad Urbana 2025-2030, entre otros, que propone reducir el uso del vehículo privado y aumentar el uso de transporte público y otras modalidades de transporte sostenible. Gracias a estos planes y estrategias se han logrado cambios significativos. Medidas como las supermanzanas, la zona de bajas emisiones o la movilidad sostenible, han permitido reducir la contaminación y mejorar el aire de la ciudad en un 31% desde 2015.

La contaminació a Barcelona arriba a triplicar els límits fixats per l'OMS

A pesar de los avances, Barcelona todavía presenta importantes debilidades ambientales. La primera es la falta de espacio verde. Sin tener en cuenta Collserola, actualmente existen unos 7,1 m² de verde urbano por habitante, lejos todavía de los 15 a 20 m² que recomienda la OMS para garantizar la salud y el bienestar de los residentes. Una segunda debilidad es la elevada densidad urbana que dificulta nuevas transformaciones urbanísticas y la creación de espacios abiertos. Además, existe una desigualdad territorial: mientras algunos barrios han ganado supermanzanas o pacificación, otros continúan con déficits graves de verde y equipamientos. También persiste un uso todavía elevado del vehículo privado, a pesar de la implementación de la zona de bajas emisiones o el fomento del transporte público. En este aspecto, es necesario considerar las resistencias sociales y políticas, ya que los cambios —por ejemplo, en el ámbito de la movilidad— a menudo provocan polémicas y no siempre son fáciles de implementar.

Actualmente hay unos 7,1 m² de verde urbano por habitante,
lejos todavía de los 15 y 20 m² que recomienda la OMS

Los expertos insisten en que las ciudades deben avanzar en la neutralidad climática antes del 2030, y Barcelona no puede quedar al margen. La neutralidad climática 2030, compromiso europeo y municipal, exige, entre otros, la reducción drástica de emisiones, la mejora de la eficiencia energética de los edificios o la gestión de residuos. Ante episodios de calor extremo y sequías, la ciudad debe ampliar los refugios climáticos, mejorar la gestión del agua y crear más áreas verdes, garantizando la equidad territorial, de modo que todos los barrios dispongan de zonas verdes y calidad ambiental. 

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